CAPÍTULO XI. LA CARAVANA.
“Desde el acantilado divisó el vasto territorio verde. El viento le trajo la nota eterna de la Naturaleza. Cerró los ojos y dejó volar su mente. Durante un instante la gran vastedad del mundo lo rodeó y él formó parte de ella.
Luego, como persiguiendo un ritual sagrado saltó al vacío. Sus alas lo impulsaron hacía adelante en un poderoso batir y se sintió el rey de ese mundo, y de muchos otros.
Un grito inconsciente, surgió de su garganta, al saberse libre. La alegría, la magnificencia y la vida se movían en un mágico silencio. Y todo era parte de todo.
Allí, junto al río, Halfdan gritó de nuevo, y al recorrer las planicies salpicadas de árboles de esplendoroso follaje…, y al remontar las cumbres nevadas.
La pequeña aldea se encontraba a tiro de piedra para su colosal vista. Gentes sencillas, de vidas sencillas y sueños sencillos…
El dragón batió sus alas en dirección al hermoso pueblo. Quería compartir su alegría con las buenas gentes que poblaban el mundo…
Descendió cerca y quiso gritarles que estaba vivo…que el mal no había podido doblegar su voluntad…Pero aquellas personas empezaron a correr y a gritar ante su presencia.
-¡Noooo!- les gritó el dragón.
Pero no le entendieron.
-¡Nos atacan, nos atacan!-decían.
Sintió un impacto en su pecho, un zarandeo violento que lo desestabilizó. Bajó la mirada y vio un virote de balista enorme, saliendo de su costado.
-¡Noooo!- volvió a gritar Halfdan -¡No lo entendéis!-
Otro impacto sacudió su cuerpo, un movimiento frenético que trataba de robarle toda esa paz que había sentido.
-¡Nos atacan, nos atacan…!-
De pronto, la voz de aquellas gentes fue menguando y fundiéndose una sobre otra, hasta que sonó como una sola…”
-¡Halfdan nos atacan…!- dijo Caitlín mientras zarandeaba al bárbaro.
El guerrero se levantó, sudando y la miró sin entender.
-¿Qué…?- preguntó.
-¡Nos atacan!, ¡por todos lados!- respondió la trovadora con cara desencajada.
Halfdan se incorporó de un salto. Años de entrenamiento marcial habían conseguido que sus capacidades se encontraran alerta al menor signo de peligro.
Durante dos días, él y Caitlín habían permanecido en la posada, saliendo lo estrictamente necesario. Allí habían compartido las diferentes historias de sus vidas.
Luego habían partido con la caravana, deslizándose en la fría madrugada como dos ánimas errantes.
Llevaban más de tres semanas de viaje, en las cuales, el bárbaro había estado entrenando a Caitlín en el manejo de la espada y el escudo.
Para su grata sorpresa, la trovadora se desenvolvía muy bien, demostraba cualidades excepcionales, aprendía rápido y no se quejaba por los golpes o lo duro que debía de resultarle llevar la cota de malla y el escudo a todas horas para acostumbrarse a su peso.
El corto pero intensivo entrenamiento que había realizado junto a Halfdan, unido a las nociones que tenía por haber estado al lado de Naron, hacían de Caitlín una luchadora bastante decente.
La caravana atravesaba en aquel momento un frondoso bosque, con rincones pantanosos. Y aunque, seguía en camino real, aquel era un terreno extremadamente peligroso.
Halfdan recogió la camisola de cota de malla y se la metió por la cabeza, mientras Caitlín le ayudaba a ajustarse las cinchas. Desenfundó a Espíritu de Tormenta se dirigió a la puerta del carro.
El carruaje del bárbaro y la trovadora era un gran cajón rectangular de hierro y madera, con dos pequeñas ventanas, una a la izquierda y otra en la parte frontal que comunicaba con el pescante. Una puerta en el lado derecho permitía salir y entrar del mismo. El interior tenía dos camas, una mesa plegable y dos sillas, un pequeño armario, un baúl y un biombo.
Estos carros de pasajeros eran típicos en Hazaria, ya que al ser un país tan enorme, muchas caravanas los incorporaban para no tener que detenerse en posadas o pueblos innecesariamente.
Dentro del convoy que viajaba a Portal Blanco había cinco carros más como el suyo. Incluso dos de ellos, pertenecientes a un grupo de guerreros enanos, tenían unas cuchillas defensivas que salían del pescante hacia a fuera, accionando una palanca.
-Voy a echar un vistazo. Quédate aquí, no tardaré- dijo Halfdan.
-Ten cuidado…-
El guerrero le dedicó una sonrisa de despedida a la trovadora y salió del carruaje cerrando la puerta tras de sí.
* * * * * * * * * * * *
El roce de la túnica contra el suelo de piedra negra alertaron a Váragos de que el Sumo Sacerdote se acercaba.
Bassa cruzó el umbral rúnico que separaba el pasillo de la sala de meditación del general.
Todo era oscuridad. Sólo una hoguera en el centro de la estancia permitía fantasear con lo que había alrededor.
Detrás del fuego, el general Váragos estaba sentado en el suelo, de espaldas a la puerta, con las piernas cruzadas. La luz del débil fuego, iluminaba apenas su cuerpo, que lanzaba sombras y destellos rojizos.
Bassa avanzó decidido cuando un gólem de piedra, con la forma de un guerrero enfundado en una armadura completa de color negro, le cortó el paso.
El sacerdote de Sarak, se detuvo y agarró el medallón con forma de calavera con colmillos que llevaba colgado de su esquelético cuello.
-Déjale pasar, Archade-dijo el general.
El monstruo mágico se retiró y Bassa se acercó a la hoguera. Se detuvo a pocos pasos de la misma, mientras el gólem se fundía de nuevo en la oscuridad.
-Algún día, no estaré aquí para protegerte y Archade te hará pedazos- dijo Váragos sin levantarse del suelo ni dar la cara al clérigo.
-Con la cantidad de protecciones mágicas que llevo encima, si tu gólem es capaz de acercarse a menos de un metro de mí, merece matarme- respondió Bassa.
-Tu magia no funciona en este lugar, Bassa. Te lo he dicho decenas de veces, pero sigues sin creerme. En fin…allá tú…-
-No he venido a discutir contigo, Váragos. He venido a ver que tal marcha la invasión, ya que no te has dignado a contarme nada…- el tétrico tono de reproche del sacerdote oscuro no pasó le desapercibido al general.
-Marcha muy bien. Y marcharía mejor si dispusiera de más capital. Con lo que te has gastado en contratar de nuevo a los Ladrones de Almas, podría haber pagado dos unidades de mercenarios fomorianos- replicó Váragos.
Bassa se estremeció ante la visión de más de cuarenta fomorianos, aullando y despedazando cuerpos. Los semigigantes eran unos mercenarios excepcionales, y como tal, cobraban unos honorarios astronómicos. Aún así merecía la pena pagarlos.
-¿Todavía sigues enfadado por lo que le hice a tu capitán orco? No pensé que te fuera a afectar tanto…-dijo Bassa en tono de burla.
Váragos se levantó de un salto y se giró para mirar al sacerdote de Sarak. Su musculoso cuerpo estaba en tensión.
En un extremo de la sombría habitación, dos ojos anaranjados, como trozos de lava volcánica, destellaron. Archade intuía la ira de su amo, sentía su odio hacía el sacerdote. Un simple pensamiento hubiera bastado para desatar la furia del gólem.
A pesar de la confianza que decía tener, una gota de sudor frío recorrió la espalda de Bassa.
-¿Tienes idea de lo que me ha costado encontrar un cacique que imponga el respeto que imponía Garok? No, desde luego que no…-se respondió así mismo el general – La cuarta parte de las fuerzas goblinoides que tenía disponibles para la guerra, han desertado o se han matado entre ellas…, pero a ti todo eso te da igual…-.
-¡La finalidad principal es recuperar el objeto! – dijo Bassa perdiendo los nervios.
-¡La tuya!- respondió Váragos, y Bassa pudo escuchar como el monstruo de piedra se movía a su espalda – Yo tengo un reino que invadir. Márchate de aquí, Bassa. No hagas que me arrepienta de haber detenido a Archade-.
-No se te ocurra amenazarme, Váragos, o…-
-¿O qué?, ¿Qué ejército va a seguirte a ti si me matas?- respondió el general con tono de desprecio.- Márchate Bassa. Dedícate a buscar tu maldita reliquia y deja la guerra a hombres de verdad. Te informaré cuando crea que debo hacerlo-.
Váragos volvió a su postura inicial de meditación y Bassa salió de la estancia con la furia hirviendo en su interior. Había perdido una batalla…pero no la guerra…
* * * * * * * * * * * *
Los diez minutos que Caitlín estuvo sola dentro del carro se le hicieron eternos. Justo cuando la espera fue insoportable y decidió salir a ver lo que sucedía, Halfdan regresó.
Tenía un corte en la ceja y su espada estaba manchada de una especie de sangre de color verdoso.
-¿Qué pasa Halfdan?, ¿Qué sucede?, estas herido…- preguntó la trovadora nerviosa y preocupada.
-Hombres lagarto, atacan la caravana por múltiples sitios a la vez. Son de una raza desconocida para mí. Hay muchos y este maldito bosque enmarañado juega en nuestra contra…Coge las armas…vamos a poner a prueba tu entrenamiento.
Caitlín recogió el escudo y desenvainó la espada. Su cota de malla se ajustaba a la perfección a su cuerpo.
El bárbaro y la trovadora salieron del carro. Un humo sofocante lo llenaba todo y tanto los ruidos de lucha como los gritos y lamentos de los heridos se escuchaban por doquier.
Halfdan y Caitlín avanzaron pegados a los carruajes. Un poco más adelante vieron a dos hombres lagarto, muertos. Llevaban unas extrañas armaduras, hechas con placas de algún tipo de coraza quitinosa, aunque sus armas eran de buen acero, lanzas y espadas en su mayoría.
Los reptilianos seres debían de medir algo más que un ser humano normal. Sus cuerpos eran musculosos y estaban recubiertos de escamas de un profundo color verde azulado. Tenían una enorme cola, recubierta de placas naturales y sus hocicos ahusados estaban atestados de fieros colmillos. Las manos eran auténticas garras, afiladas como cuchillas, con las cuales podrían despedazar a un hombre sin ningún esfuerzo.
Alrededor de los saurios abatidos, había dos guerreros enanos y un mercenario humano, todos muertos también. Los ruidos de lucha se oían claramente hacía el principio del convoy, y a medida que el bárbaro y la trovadora avanzaban con cautela, aparecían más cuerpos de hombres lagarto, pero menos cuerpos de los integrantes de la caravana.
De repente, una de aquellas criaturas surgió de la parte superior de uno de los carruajes. Portaba una siniestra lanza, y apuntó con ella al bárbaro.
-¡Cuidado!- gritó Caitlín, que al ir detrás del guerrero nórdico había visto a su atacante antes que su compañero.
Halfdan reaccionó tarde y la lanza salió disparada hacía él.
Sin embargo Caitlín, había previsto el ataque del reptil y, adelantando el brazo en un movimiento fulgurante, interpuso el escudo en el camino de la lanza.
El impacto la derribó, pero evitó que Halfdan quedara ensartado allí mismo.
El guerrero humano no perdió ni un segundo, trazó un arco ascendente con Espíritu de Tormenta y le partió al saurio la cabeza por la mitad.
La alegría que podían sentir el bárbaro y la joven duro poco tiempo. A través del denso humo empezaron a aparecer hombres lagarto. La mayoría eran como los anteriores, pero había un par de ellos grandes como una montaña. Debían superar los dos metros de Halfdan en al menos cincuenta o sesenta centímetros y pesar más de trescientos kilos. Unas protuberancias, parecidas a los cuernos de un buey o un toro, les salían de lo que en un ser humano podrían ser las sienes. Uno de ellos portaba un hacha de doble filo, de grandes dimensiones, y el otro una red de captura, aunque una especie de garrote cubierto de púas colgaba de su rústico cinturón de piel.
Caitlín se levantó de un salto y agarró la espada con las dos manos. El escudo había quedado destrozado por el impacto de la lanza. El brazo de la trovadora temblaba por el dolor, pues a pesar de la fuerza adquirida en las últimas semanas, el lanzazo había sido brutal.
Poco a poco el humo se iba disipando, gracias a una suave brisa. Los hombres lagarto rodeaban a los dos compañeros, que se habían colocado espalda contra espalda y tenían las armas prestas para el combate.
Halfdan observó que había un hombre lagarto, más delgado y con una cresta perpendicular a lo largo del cráneo, entre los guerreros que lo rodeaban, que parecía impartir una especie de órdenes a través de siseos. Detrás de los guerreros lagarto, la mayor parte de las personas que viajaban en la caravana estaban tendidas en el suelo bajo pesadas redes de captura.
<<Nos quieren como esclavos>> entendió Halfdan al momento. Antes de que pudiera decírselo a Caitlín los saurios se les echaron encima.
Halfdan esquivó al primer de ellos, armado con un garrote y le rajó las tripas en un rápido movimiento. A su espada, Caitlín penetró por debajo de la defensa de un reptil armado con una espada y le clavó la suya en la garganta. Extrajo el acero de tirón y girando sobre sí misma le cortó la pierna a un segundo atacante.
Mientras, Halfdan había abatido a dos saurios más. Su objetivo era el lagarto de la cresta, ya que pensaba que si mataba al que parecía ser el jefe, tal vez los otros se retirarían.
El bárbaro avanzaba inexorablemente, cortando miembros y segando vidas. En un momento dado recibió un golpe fuerte en el costado derecho que lo desequilibró ligeramente. Su posición defensiva quedó abierta y otro hombre lagarto le golpeó el pecho con una porra, pero el bárbaro apenas si lo sintió. Con un gruñido de furia Halfdan acometió al guerrero hombre lagarto y le partió la cabeza por la mitad.
Dos pasos más y un brazo terminado en una garra de aspecto horrible, salió volando por los aires.
Solo le separaban dos guerreros de su objetivo. En menos de un minuto más de media docena de monstruos yacían muertos y otros tres estaban gravemente heridos. Por alguna extraña razón que no entendía, los dos saurios grandes no habían intervenido en la pelea.
A su espalda, Caitlín emitió un grito cuando unas boleadoras se ciñeron a su cabeza y le golpearon el rostro. La trovadora tenía los cadáveres de tres enemigos a su alrededor, pero no era capaz de vencerlos a todos.
Las bolas de cuero rellenas de piedras golpearon su cabeza por varios sitios a la vez, y la joven sintió como un latigazo de dolor le recorría el cuerpo. Sus piernas flaquearon, unas garras de acero la agarraron por los brazos y el pecho. Lanzó una estocada hacia a delante en un intento desesperado de librarse de sus captores. Encontró resistencia y empujó con todas las fuerzas que pudo reunir. Escuchó un alarido de agonía y supo que otra de aquellas criaturas había muerto. Luego una pesada red cayó sobre ella mientras llamaba a gritos a Halfdan. Un golpe en la cara acabó con su petición de ayuda.
Cerca de ella, Halfdan destripó al primero de los dos reptiles que tenía delante. El segundo hombre lagarto reculó ante la furiosa acometida del guerrero humano, que parecía poseído por un demonio. Fue su último error.
Sin ningún tipo de defensa montada, Halfdan trazó un tremendo golpe descendente.
Espíritu de Tormenta penetró por el escamoso hombro y partió al monstruo por la mitad.
<<Ya eres mío, bastardo>> pensó el bárbaro mirando al lagarto de la cresta
Un golpe en la cabeza derribó al guerrero.
Espíritu de Tormenta salió volando por los aires y Halfdan cayó al suelo. Intuyó el siguiente ataque y sus excelentes reflejos no le fallaron. Rodó sobre sí mismo, sacó la daga de la bota y se la clavó a su enemigo en el pie hasta la empuñadura.
Otro golpe le llegó desde arriba y lo incrustó contra el suelo. Su mano asió un mango de madera.
Nunca supo con qué tipo de arma se había hecho, pero la movió con un golpe circular y sonrió cuando una fuente de sangre verdosa le baño el cuerpo.
Se levantó. Recibió otro impacto en la cabeza que le nubló la vista, pero entre la bruma mental distinguió al reptil con cresta, justo delante de él.
Descargó un potente golpe frontal.
El pico de guerra enano, pues esa era el arma que portaba, se incrustó en el pecho del líder hombre lagarto.
Un golpe en la base de la nuca hizo que Halfdan doblara las rodillas. Alguien le arrebató el pico de las manos, pero él lanzó un puñetazo hacia delante y le partió los dientes.
Otro golpe le dio en el lateral de la cabeza y el orgulloso bárbaro se desplomó, sumiéndose en las tinieblas de un futuro incierto.
Esto de dejarlo siempre en lo mejor ….me pone de los nerviooos!!! Jajajaj. Grandiosa la descripción de la pelea, no puedo esperar para ver que trama el malvado de Bassa… Este la va a liar fijo!!
Bueno bueno, espero ansiosa el siguente capi.
Veís!!! os lo dije,te juntas con la chica…y a recibir palos…menos mal que es fantasía,pero estoy seguro que Halfdan se va ha llevar unas cuantas…
Genial Ricky.
Por cierto,ENHORABUENA !! a los Garrett,creo que hay ampliación de “plantilla”(Felicidades Cinty)
Muchas gracias George!! Los Garrett dominaremos el mundo jejejeje. Solo espero que mi hijo tenga un minimo del gran talento de su tio.
La puñetera manía de dejarnos como si nos pillaran con los pantalones bajados, joer! Jajajajaja! OUFFFF! Rick tío, acojonante… qué pelea, y qué putada tener que esperar otra vez! La parte del sueño muy buena, y la de Bassa… Esto vende campeón! Por cierto, me uno a la felicitación y a la enhorabuena por esa “ampliación de plantilla”!
Buenas!
Vengo del foro de literatura y es la primera vez que me paso por aquí. Por trabajo ahora mismo no tengo demasiado tiempo para leer relatos de blogs y todo eso, pero la historia me gustó, así que ya me iré poniendo al día poco a poco.
Una cosa que he observado, como crítica constructiva en cuanto a estilo. Creo que abusas demasiado de los puntos y aparte. A la hora de leerlo en el foro se agradece por el formato, pero creo que es algo que deberías cuidar y ponerle un pelín más de atención.
Un saludo y seguiré leyendo, que pinta interesante la historia
Muchas gracias por tu crítica Damapa. Te aseguro que es muy bien recibida y que me esforzaré en corregir el estilo. Reitero las gracias y espero no defraudarte con mi historia, Un abrazo.